Mucho ruido: una re-lectura desde las características personográficas del adolescente

Mucho ruido: una re-lectura desde las características personográficas del adolescente

  • Mucho ruido ha sido un audiovisual protagonizado por un grupo de bisoños estudiantes. Foto tomada del Portal de la Televisión Cubana
    Mucho ruido ha sido un audiovisual protagonizado por un grupo de bisoños estudiantes. Foto tomada del Portal de la Televisión Cubana

Mucho ruido es el título de la teleserie de producción nacional que, con guión original de los escritores Mayté y Ricardo Vila Arteche, la dirección general de Mariela López Galano, y con carácter de reposición, exhibe en el espacio Aventuras el Canal Educativo, para alimentar la imaginación y la fantasía, así como el intelecto y el espíritu de niños, adolescentes, jóvenes y menos jóvenes, quienes siguen fielmente los 31 capítulos en que se estructura dicha teleserie.

Para ser consecuentes con el título de esta crónica, habría que explicar —desde la vertiente conceptual— qué es la adolescencia, vocablo que procede de la voz latina adolescere, y quiere decir crecer desde todo punto de vista; es un ciclo vital único e irrepetible, donde el adolescente deja de ser un niño, pero tampoco llega a ser un adulto. Es una etapa difícil, caracterizada —fundamentalmente— por el deseo de obtener la independencia de los progenitores, el despertar de la sexualidad, la rebeldía ante los dogmas establecidos por la vigente programación socio-cultural y por el proceso gradual y progresivo de la consolidación de la personalidad   

Mucho ruido ha sido un audiovisual protagonizado por un grupo de bisoños estudiantes, hoy graduados de la Escuela Nacional de Arte (ENA) o de la Universidad de las Artes (ISA), con excepción de algunos de ellos, quienes ya eran actores profesionales (por ejemplo, Rubén Araújo). Esos jóvenes han sido muy bien secundados por un elenco artístico de lujo, integrado por artistas de la talla excepcional de los primerísimos actores Corina Mestre, Marta del Río y Osvaldo Doimeadiós, Premio Nacional del Humor, entre otros no menos relevantes en el campo de las artes escénicas insulares y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas.           

La relación del adolescente con su entorno socio-familiar y educacional adquiere determinadas particularidades y especificidades, mediatizadas por su yo juvenil en pleno proceso de maduración psicosocial. El adolescente recibe educación en el medio escolar, y se prepara para la vida adulta con las armas que le proporciona la cultura general integral.

Pero también en el hogar, donde interioriza e incorpora a su estilo de afrontamiento el ejemplo, positivo o no, que procede de los progenitores y demás integrantes del núcleo familiar, donde desarrolla sus actividades cotidianas.

Establecer ese vínculo no es fácil, pero tampoco es difícil o imposible; ahora bien, si el adolescente percibe amor en la relación con el otro y se respeta su inviolable dignidad humanatanto por los familiares como por los maestros, aprende a amar y a respetar a unos y otros.

Por otra parte, los padres y maestros, mediante el ejemplo vivo, no por decretos, leyes u órdenes incomprensibles, le enseñan al hijo o discípulo a cumplir sus deberes elementales en el medio familiar y escolar y a reclamar sus derechos como ser social que vive en comunidad.

Amor, aceptación y respeto son las únicas llaves que le permiten al adulto franquear las puertas de la vida psíquica y espiritual de un adolescente. No olvidemos que educar es, según el venerable padre Félix Varela y Morales, “mostrar alternativas, caminos u opciones, para que el estudiante decida cuáles ha de elegir”. O acariciar el intelecto y el espíritu del hombre, y a la vez aguijonearlo con infinidad de interrogantes, que el discípulo deberá contestar a través de toda su vida; síntesis del vigente pensamiento pedagógico de Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Martí, tres insignes educadores cubanos de todos los tiempos.

Con apoyo en esos conocimientos teórico-conceptuales en que se sustenta la ciencia del espíritu, Mucho ruido refleja —desde una óptica eminentemente estético-artística y con un enfoque objetivo-subjetivo por excelencia— los problemas actuales de los adolescentes cubanos de hoy. Familias fracturadas o disfuncionales, abandono filial, violencia física y verbal, mentiras malintencionadas, alcoholismo y drogas, sexo, acoso por parte de los adultos y viceversa, así como personas con discapacidades físico-motoras que tratan de integrarse por completo a su entorno social.

Los guionistas y la directora desaprovecharon ese contexto idóneo para introducir el candente tema de la diversidad sexual con el respeto y la profesionalidad con que se debe tratar en los medios audiovisuales ese polémico tema, que fuera objeto de amplia reflexión y encendido debate en un evento teórico Caracol.

No me asiste la más mínima duda de que tanto los guionistas y la directora, como los recién estrenados y consagrados actores, quienes configuraron el elenco artístico de esa teleserie, liberaron su yo juvenil y dejaron volar imaginación y fantasía, indispensables en cualquier época de la vida para mantener el equilibrio biopsicosociocultural y espiritual en que se estructura la personalidad humana.

Por otra parte, le envían mensajes muy positivos a los telerreceptores: el respeto que debe prevalecer en la relación maestro-alumno, así como la función clave desempeñada por el amor y el perdón —punto focal o eje central de la doctrina martiana— en el seno de las relaciones interpersonales y sociales.

Mucho ruido (de nuevo en la pequeña pantalla), deviene un audiovisual que  acaricia la mente y el alma, así como la inteligencia global y emocional.de la teleaudiencia infanto-juvenil.