Sonando en Cuba: un acontecimiento cultural
Sonando en Cuba: un acontecimiento cultural
La jornada final del espacio Sonando en Cuba (II), con guion y dirección de Manuel Ortega y Paulo Fernández Gallo, tuvo lugar en el capitalino Teatro Astral, donde compitieron por el primer premio y el premio de la popularidad por cantante y por región, las concursantes Yulaisy Miranda (región occidental), Rosa María Moré (región central) y Dayana Batista (región oriental).
La presentación del espectáculo, devenido un acontecimiento cultural en el archipiélago cubano, estuvo conducido —con elegancia y moderación— por el actor Jorge Martínez y la locutora Yasbell Rodríguez.
El jurado, especialmente invitado para la elección de la ganadora de ese certamen competitivo, estuvo presidido por el maestro Adalberto Álvarez, e integrado por la maestra Argelia Fragoso, la vocalista Diana Fuentes y el popular salsero puertorriqueño Víctor Manuelle. Las acompañaron durante las diez intensas sesiones de trabajo los mentores Fernández Gallo, Haila María Mompié y Mario (Mayito) Rivera, quienes apadrinaran a los bisoños cantantes procedentes de las regiones oriental, central y occidental, respectivamente.
Las competidadoras interpretaron —con indiscutible excelencia artístico-profesional— una acertada selección de varios números que incluían disímiles géneros musicales escogidos para la ocasión; prueba de fuego que las jóvenes artistas enfrentaron no solo con valentía, sino también con pleno dominio de la técnica y la interpretación vocales, así como del clima emocional del auditorio, que las premiara con cerradas ovaciones.
Las personalidades del pentagrama sonoro caribeño e iberoamericano, que componían el jurado nacional e internacional, basaron su dictamen en la calidad técnico-interpretativa, la afinación, la dicción, el empaste, proyección y modulación de la voz al interpretar las canciones, la forma de dirigirse al público y de presentarse ante el respetable, entre otros indicadores fundamentales…, pero como en una competencia de ese tipo solo puede haber una ganadora, eligieron nemine discrepante a Yulaisy Miranda, quien representara dignamente a la región occidental, por ser la concursante que —con mayor integralidad— interpretó los diferentes géneros de la música genuinamente cubana. Yulaisy, con no disimulada emoción, recibió varios premios y reconocimientos, así como una invitación especial por parte de la carismática cantante latinoamericana Olga Tañón para participar en una gira por Puerto Rico.
El Premio de la Popularidad lo ganó el cantante Duani Ramos, quien estuvo en la “zona caliente” y fuera salvado por el voto de los televidentes y admiradores de esa estrella naciente de nuestra música popular.
Por otra parte, Duani congratuló al artista borinqueño, que formara parte del jurado, con una canción dedicada a Puerto Rico, para hacer realidad el verso de la poetisa y patriota de la hermana ínsula caribeña, doña Lola Rodríguez de Tió: “Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas/”.
El Premio de la Popularidad por región participante recayó en Fernández Gallo, quien defendiera a los competidores procedentes de la heroica región oriental.
En mi opinión, la segunda edición de Sonando en Cuba no admite señalamientos críticos, porque los organizadores de ese show televisivo cumplieron al pie de la letra todos y cada uno de los indicadores éticos y estético-artísticos en que se estructura un espacio, caracterizado por la dimensión y magnitud que alcanzara, y que enalteciera —sin duda alguna— la identidad nacional y lo mejor de nuestra música.
Para finalizar, solo algunas sugerencias para la tercera edición, que estoy seguro no tardará en ocupar el sitial de honor que merece en la pequeña pantalla: en Sonando en Cuba no están representados todos y cada uno de los géneros de la música popular cubana, porque brillaron por su ausencia el danzón, nuestro baile nacional, y el chachachá; géneros musicales genuinamente cubanos que le han dado la vuelta al mundo y han contribuido a que Cuba sea llamada, con razón, la Isla de la música.
Si se aceptara esa sugerencia, los cantantes deben ser acompañados, musicalmente, por orquestas charangueras: Aragón, América, Sensación, Estrellas Cubanas, entre otras, mientras que, en la interpretación de los sones, los vocalistas debieron estar respaldados por la sonoridad inconfundible de los conjuntos soneros: Chapottín y sus Estrellas, Roberto Faz, Arsenio Rodríguez; agrupaciones que —¡quién lo duda!— le imprimen al son montuno ese gracejo criollo que lo identifica en cualquier parte del orbe.
Por último, no me asiste la más mínima duda de que la mayor ganadora de Sonando en Cuba fue la música cubana, que se enriqueció con el descubrimiento de esos talentos, dispersos por la mayor isla de las Antillas, y que ese estelar programa logró reunir en diez emisiones para que fueran conocidos, admirados y aplaudidos por los telespectadores y el público capitalino.


