Plumas notables en el Primer Congreso de la UNEAC (I Parte)
Plumas notables en el Primer Congreso de la UNEAC (I Parte)
Al Primer Congreso de la UNEAC, celebrado en el Salón de Embajadores del Hotel Habana Libre entre el 19 y 22 de agosto, asistieron figuras de alto relieve como el poeta turco Nazim Hikmet (1902—1963).
Su obra ya era conocida en la Isla gracias al poeta Félix Pita Rodríguez pero sobre todo por Nicolás Guillén, que había conocido al bardo turco en Moscú y la poesía de ambos tenían zonas de coincidencias en lo que respecta al carácter estético—ideológico de sus versos.
Motivo perenne de atención en el salón del Congreso fueron su alta estatura, sus fascinantes ojos azules y su risa franca—como la de nuestro Nicolás—, así como la fluida cordialidad que hacían del diálogo un hervidero de saberes.
Poco después de celebrado el Congreso, los entonces jóvenes poetas tuvimos la dicha que apareciera, en librerías de todo el país, la edición argentina del Duro oficio el exilio, con formidable traducción y prólogo de Alfredo Varela y que nuestro profesor Pita Rodríguez nos avisara y recomendara en su clase de la Escuela de Instructores de Arte.
El siguiente poema del bardo turco ilustra su inmensurable lirismo.
Sofía
Llegué a Sofía un día de primavera, mi amor.
La ciudad en que naciste huele a tilo
Voy recorriendo el mundo, lo recorro sin ti
Es ese mi destino
Y no puedo cambiarlo.
En Sofía el árbol viene antes que la piedra,
El árbol es más bello que la piedra,
En Sofía el árbol y el hombre están mezclados uno al otro
Y sobre todo el álamo
Siempre parece a punto de entrar hasta tu pieza
Para sentarse sobre el tapiz rojo…
¿Preguntas si Sofía es una ciudad grande?
Las ciudades son grandes, mi amor, no por sus calles
Sino por los poetas a los cuales han levantado estatuas
Es una gran ciudad Sofía…
Aquí, cuando la noche va cayendo, todo el mundo
Se vuelca por las calles
Mujeres, niños, jóvenes y viejos
Hay risas, ruidos, un murmullo inmenso
Un rumor a lo largo y a lo ancho
Van muy juntos, tomándose del brazo, o la mano en la mano…
En las noches del ramadán, en Estambul
—Munever, esa época tú no la conociste—
Así nos paseábamos, ayer.
Pero ese tiempo para siempre se ha ido
Si yo estuviera en Estambul ahora
¿pensaría siquiera en esas cosas?
Pero hallándome lejos de Estambul
Todo me da pretexto a la nostalgia
Y aun el locutorio de la prisión de Uskúdar.
Llegué a Sofía un día de primavera, mi amor
La ciudad en que naciste huele a tilo
No podría contarte la acogida de tus conciudadanos
La ciudad en que naciste es para mí la casa de un hermano
Pero ni aun la casa de un hermano podría hacer olvidar
La propia casa
Es un oficio duro el del exilio
Bien duro.
Nazim Hikmet
Varna, Bulgaria, 24 de mayo de 1957


