La poesía completa de Gastón Baquero

La poesía completa de Gastón Baquero

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  • Diseño de cubierta.
    Diseño de cubierta.

Con la publicación de Como un cirio dulcemente encendido. Poesía completa de Gastón Baquero se cierra el ciclo de su obra dentro de Ediciones La Luz.

En los últimos años Ediciones La Luz —sello editorial de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín—ha entregado al público lector la obra completa de Gastón Baquero. Todo surgió a partir de la publicación de Poderosos pianos amarillos. Poemas cubanos a Gastón Baquero (2013), donde un grupo de poetas reconocía mediante su obra el legado de la poesía baqueriana. Después apareció el título Una señal menuda sobre el pecho del astro. Ensayos (2014), donde se compendiaba toda la obra ensayística del autor. Ambos títulos abrían las puertas para una obra mayor: Como un cirio dulcemente encendido. Poesía completa (2015).

Este volumen, hermoso en su diseño, recoge uno de los testimonios poéticos más reveladores de la isla, después de su lectura uno encuentra un estado de reposo, de plenitud. Los poemas que se compendian aquí lo muestran único y diverso. El lector atento se percata de la simplicidad en sus primeros versos, pero esa simplicidad no se traduce en mala poesía, al contrario, son versos que bajo su manto de simple esconden, como las conchas, un tesoro.

Como se apunta en la nota a esta edición: Ediciones La Luz completa las coordenadas del mapa creativo de este autor con la publicación de Como…, mérito que debemos reconocer a esta casa editorial, debido a que en Cuba solo conocíamos el libro La patria sonora de los frutos, preparada por Efraín Rodríguez Santana (2001) y en revistas aparecían artículos y poemas de la autoría de Baquero, pero hoy en día podemos situar en alguna esquina del librero los tres títulos, —me refiero a Poderosos…, Una señal… y Como…— y darse el gusto de abrir cualquiera de ellos en una página al azar y nutrirse de este caudal que fue la escritura del eterno Baquero.

Esta edición toma una suma considerable de textos de la realizada por Pío E. Serrano, quien escribe en las primeras páginas: “Ahora que Gastón Baquero regresa a Cuba, integral en su poesía, es oportuno señalar que en realidad Gastón Baquero nunca consideró que su transtierro —su exilio—lo alejaba definitivamente de la isla”. Y esa perenne cercanía la comprobamos cuando leemos de un tirón este volumen y se descubren las múltiples referencias al paisaje cubano, y cómo se enriquece el panorama de la poesía cubana con esta voz. A partir de radicarse en España, algunos consideraron que su voz se apagaría, incluso en 1963, Max Henríquez Ureña señala en Panorama histórico de la literatura cubana: “Tal parece que la poesía de Baquero fue un meteoro fugaz”. A lo que agrega Serrano que: “El desterrado isleño convertido él mismo en isla sacralizada. El exilio del transterrado daba una vuelta de tuerca al insilio peninsular del creador”.

Por contexto, la obra de Gastón Baquero se instala en la poesía cubana en ese momento señalado por Lezama Lima como “estado de concurrencia poética”, nos referimos a finales de la década del treinta del pasado siglo. Esta generación, agrupada alrededor de la figura de Lezama, fue construyendo todo un mito para el estudio de la literatura cubana, pues enfocarse en una sola de sus obras, significa penetrar una inmensa galería:

Los origenistas irán segregando diferenciados y singularísimos cuerpos poéticos que, con absoluta libertad creadora, incorporan hallazgos tan disímiles como los provenientes de la tradición lírica española de los siglos de oro, el imaginismo anglosajón, el surrealismo francés (menos), así como de las opulentas islas poéticas que fueron Whitman, Valéry, Rilke y Eliot. (Serrano, 2015: 15)

Respecto a las influencias y la manera de contar lo cotidiano, la poesía de Baquero se sostiene, porque a medida que crecía su discurso poético, se poblaba de “voces disímiles, discontinuas, fragmentarias” las que se integraban en una “nostalgia de la totalidad irrecuperable” con la “vertiginosa frontera de lo puramente inmediato y disperso”.

Baste el siguiente fragmento de uno de sus primeros textos para dejarse seducir por este torrente poético: “Qué está pasando siempre bajo el cuerpo secreto de la rosa / que no puede negarse al cielo temporal de los jardines, / que no puede evitar el ser la rosa, precisa voluntad, sueño visible”.

Cuando Baquero escribió sus «Palabras escritas en la arena por un inocente»: “Yo soy un inocente y he venido a la orilla del mar” no sabía que aquellas huellas que rápido vendría el mar a borrar, quedarían como si fuera el «Testamento de un pez», temeroso de que la ola no llegue hasta su cuerpo reseco.

Mientras en Saúl sobre su espada (1942):

Y Saúl contemplándole / Navegando el color y el cuerpo de la tierra / Y el navío humillado de su propio corazón / Que lanza su amor por encima de las nubes / Y solo entre el silencio navega su amor hacia las nubes / Como el humo blanquísimo de un cuerpo incinerado / Y sobre el hombro del cuerpo derribado aparece la sombra de una mano.

Otro de sus testamentos poéticos «Yo te amo ciudad», es un canto que bien pudiera estar dedicado a su Banes natal, a La Habana de su juventud o a Madrid, último destino: “Quisiera ser mañana entre tus calles / una sombra cualquiera, un objeto, una estrella, / navegarte la dura superficie dejando el mar, / dejarlo con su espejo de formas moribundas, / donde nada recuerda tu existencia, / y perderme hacia ti, ciudad amada, /quedándome en tus manos recogido, / eterno pez, ojos eternos…”

A partir del poema «Memorial de un testigo», introduce Baquero referencias a obras musicales. Cuando leemos estos versos, podemos de fondo escuchar cualquiera de las melodías sugeridas, porque están debajo, como un susurro. En este se escucha Bach con Suite para orquesta no 1.

En fragmentos leemos un Baquero marcadamente insular: “Parece que estoy solo, / diríase que soy una isla, un sordomudo, un estéril. / Parece que estoy solo, viudo de amor, errante, / pero llevo de la mano a un niño misterioso…” y por otros parece que es la muerte la única capaz de develarle el secreto de la poesía: “Hay que morir, no hay fallo, para enterarse un poco / de si es cierto que existe la Poesía, de si hay / al otro lado del castillo un guardián, una orquesta y un teatro”.

Pero siempre nos resulta sincero, con una sinceridad terrible de poeta, que sabe escribir la palabra precisa y transmitir toda su soledad. Como presentación a su libro Magias e invenciones escribió “Al final del camino”:

Uno tendría que tener el valor, al final del camino, de quedarse con dos o tres poemas, los que considere más representativos de la intención, del propósito que persiguió, o del instinto que llevó a escribirlos. No se trata de escoger «los mejores», porque el tiempo me ha enseñado que al enfrentarse con lo propio uno no tiene la menor idea de lo mejor, ni de lo menos malo, ni de lo decididamente malo. Uno no sabe nada de la poesía que ha intentado —de lo que intentó hacer con la poesía— y todavía sabe menos de la reacción que producirá en el lector este o aquel poema.

Hay, por esencia, una incomunicación radical entre el autor y el lector. Lulio decía: «Ningún hombre es visible para otro»; puede decirse: «Ningún poema es visible por entero para el lector». (Ni acaso para el autor). Cada poema tendría que llevar adherido un tratado de mil páginas que comunicase todo lo que quiso decir en el poema, y que no se dijo, probablemente por la incapacidad o el pobre oficio del autor. Habría que acompañar el poema de una carta de marear para facilitar el viaje por dentro de su entraña, más allá de su piel. Pero eso es una tarea tan insensata como utópica. No queda otra salida que tirar el poema a la calle y desentenderse de su destino.

Por su parte en Poemas invisibles escribe en la dedicatoria:

A los poetas que llegan y seguirán llegando. A los muchachos y muchachas nacidos con pasión por la poesía en cualquier sitio de la plural geografía de Cuba, la de dentro de la Isla y la de fuera de ella.

El orgullo común por la poesía nuestra de antaño, escrita en o lejos de Cuba, se alimenta cada día, al menos en mí, por la poesía que hacen hoy —¡y seguirán haciendo mañana y siempre!— los que viven en Cuba como los que viven fuera de ella. Hay en ambas riberas jóvenes maravillosos. ¡Benditos sean! Nada puede secar el árbol de la poesía.

¡Gran pena es que ya no nos reconozcamos, que no sepamos nada los unos de los otros, siendo como somos hijos de un mismo espíritu, nacidos de aquel Padre Numinoso, arca sagrada de la poesía!

Estos poemas son para los pinos nuevos, para todos ellos. Digo con Borges: «No he recobrado tu cercanía, mi patria, pero ya tengo tus estrellas». G. B. 1991

Ambos fragmentos parecen despedidas, es como si un temor secreto lo llevaba a pensar que cualquiera de estos libros podría ser el último. Al mismo tiempo son la invitación a la poesía, a descubrir qué late detrás de cada palabra escrita en la arena, cuál es el testamento del pez, quién es el memorial del testigo, quién hace las magias y las invenciones, quién trae la espada de Saúl. “Lo único que me ha interesado en este viaje hacia el morir que estar vivo, es inventar, fabular, imaginarle a una realidad cualquiera la parte —el completo— que creía le faltaba”.