De Guantánamo, el changüí que siento
De Guantánamo, el changüí que siento
Un paseo por el changüí de su terruño natal, además de otros géneros musicales, dado en personal y peculiar interpretación, realizó el bajista guantanamero Yelsy Heredia, a propósito del concierto de presentación del CD Camino a Maisí, celebrado en el patio del Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC).
La función formó parte de una serie de presentaciones a la que el músico ha dado en llamar Conciertos didácticos.
Este fonograma —su tercero— se aleja estilísticamente de sus anteriores trabajos, aunque había abordado el changüí pero desde la perspectiva del jazz. A sugerencia de personas cercanas a su carrera y vida personal, quienes le interpelaron el por qué no se acercaba a la tradición de la música cubana, especialmente del changüí, género de la tierra que lo vio nacer, proyectó y grabó este disco en consonancia con las anteriores placas, “no estaba haciendo nada musical de la Isla”, dijo.
Camino a Maisí es la mención necesaria, así como rescate del changüí, género típico y autóctono de la región oriental, específicamente de Guantánamo. Yelsy lo logra gracias a la frescura de los arreglos que no renuncian al formato clásico —introducción, coro y guía e improvisación— y las innovaciones a la formación típica de la agrupación changüísera —sustituye el tres, elemento melódico— armónico, por el piano y la flauta; la marímbula por el tumbao de su contrabajo, mientras que la base rítmica (guayo, maracas y bongoes de monte), permanece igual.
El resultado es sorprendente: la apoyatura que hace el piano melódicamente, aunque en momentos impone deliciosos tumbaos, la base —sobre todo el bongó que, invariablemente aplica el clásico “tapa’o” característico del changüí—, sumado a las improvisaciones del cantante, los coros y, por supuesto, el peculiarísimo modo de tocar el bajo Yelsy —saca al instrumento notas de un tempo y sabor únicos, de conjunto a una expresiva manera de proyectarse escénicamente que lo clasifica como show men—, imprimen un delicioso goce del changüí, sobre todo, para el bailador.
Los temas recorrieron la identidad del pueblo guantanamero, que no es más que la de Cuba. Es el caso de Mis Raíces, canción con la cual abrió el concierto, nos traslada al monte y sus raíces; Hermosa Santa, sui géneris bembé para la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba y en donde queda subrayada la más absoluta cubanía; la alusión a la simbiosis de las tantas culturas que conformaron nuestra identidad y nación, recogida en Garabato, composición dedicada a la tumba francesa; Que seto conga, distinta forma de concebir ese género carnavalesco, entre otros.
Gozamos de lo lindo los presentes en el CIDMUC, la sabrosura de la música cubana impresa en cuatro cuerdas aunque no escapa, de vez en cuando, un viso “jazzeado” en el instrumento en una agradable mixtura de géneros.
Aunque Yelsy es un destacado intérprete —los acordes de su contrabajo se han escuchado en CD y conciertos de músicos de la talla de Bebo y Chucho Valdés, Diego el Cigala, Joshua Edelman, entre otros— el trabajo con la novel agrupación que él dirige y su acontecer musical, es poco conocido.
Subrayo aquí uno de los tantos aciertos del recién concluido Havana World Music, evento que visibiliza y prioriza a un sector de la música y sus intérpretes dentro de lo alternativo y undeground, alejado de los grandes circuitos comerciales; música auténtica y novedosa en su concepción. Allí estuvo Yelsy y se llevó las palmas.
Yelsy Heredia y su grupo, ameritan de otros escenarios a nivel nacional e internacional donde sea admirado su trabajo, así como de la mirada de la crítica que avale al mismo



