Un adiós a Lino Betancourt
Un adiós a Lino Betancourt
El pasado 18 de diciembre, la cultura cubana se vistió de luto. Lo que aconteció en el vestíbulo del Instituto Cubano de la Música, devenido recinto velatorio, fue una reunión de amigos, cofrades y pueblo para decir un hasta luego a un hombre de vida y obra imperecederas.
Lino Betancourt Molina, acucioso investigador y defensor de nuestras más legitimas raíces, se nos fue. Un promotor nato de los géneros autóctonos musicales de esta tierra —entre ellos, la trova tradicional, a la cual dedicó cuerpo y alma—, se retiró a pactar con la eternidad que por derecho le toca, pero sin dejar a un lado su profeso amor a Cuba y su música en las que por siempre vivirá.
Esa es la muerte, nos arrebata de la faz terrenal sin previa consulta, a sabiendas de que el tránsito corpóreo, insignificante, no impide la permanencia, sobre todo, cuando se ha cumplido la obra de la vida, aludiendo a nuestro Apóstol, José Martí, y Lino cumplió con ella en magnitud incomparable.
Hubo lágrimas, pero estas no fueron distintivas de sus familiares allegados, amigos íntimos, camaradas o los músicos que asesoró; las lágrimas desbocaron el entorno de la gran familia: los que han respetado al hombre y su quehacer, los que le profesaron simpatía a este insigne intelectual.
Junto a sus cenizas, el inseparable sombrero, las diversas condecoraciones que atesoró a lo largo de su fructífera existencia, trovadores de varias generaciones se dieron cita para homenajearlo, precisamente, desde lo que tanto defendió en vida: la trova, a pesar del luctuoso momento no se podía recordarlo sin recurrir a esta.
Estuvieron allí, Eliades Ochoa, con el que apenas días atrás había conversado de trova y el Festival Pepe Sánchez, del que era organizador; el Dúo Voces del Caney, cuyas integrantes lo reconocieron como su principal promotor, además del padre de todos los trovadores cubanos; el trío espirituano Palabras que, a insistencia del finado, grabara el CD Serenata con nombre de mujer, encantadora visitación a la trova tradicional de esa región.
No faltaron cantautores de las llamadas Nueva y Novísima Trova, como Gerardo Alfonso, Augusto Blanca, Heydi Igualada y Eduardo Sosa, este último, anunció que el evento teórico del Festival de Trova Pepe Sánchez, llevará el nombre de Lino Betancourt.
Estuvieron allí para cantarle al maestro y, desde la eternidad, escucharle sus consejos, recibir el impulso que siempre les dio a las nuevas generaciones para continuar y hacer de nuestra tradición un insigne umbral en el tiempo.
Con su quehacer, el extinto intelectual, deja una memorable impronta en investigaciones y trabajos de relevancia sobre la música tradicional en Cuba, dotados de un particular estilo que lo caracterizaba como investigador en el que subrayaba el elemento académico y el detalle ontológico, es decir, el ser, el humano como certifico de legitimidad del hecho cultural.
Esa obra, de invaluables aportes a la historiografía musical cubana y sobre la cual habrá que volver continuamente, tiene en su esencia un elemento fundamental: pueblo, las voces de quienes han edificado culturalmente la nación desde el fenómeno identidad por el que tanto abogó Lino.


